
"Pagué el café; sin esperar a mi amigo, volví caminando a casa. Abrí el tercer cajón del escritorio y saqué el cuento. Lo rompí a la mitad y lo volví a romper. Tiré los restos en el tacho de basura. Fui hasta la pieza y saqué la libreta que guardaba en la mesita de luz. La miré un instante, con algo parecido a la pena. Después me deshice de los apuntes, de cada mínimo esbozo, de todas las historias simultáneas que la noche nos había traído. Me quedan los recuerdos, supongo. Una anécdota inverosímil, insuficiente para un cuento, y la memoria de un puñado de sueños compartidos. "
Texto de Javier E. Núñez
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